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Okupación: ¿Pueden okupar mi vivienda habitual? El caso de Enrique y Pilar

Continúan llegando nuevos casos de okupación. Esta vez, una sanitaria y un persona desempleada sufren la okupación de su vivienda.

La respuesta es no (en principio). Las viviendas habituales están “mejor” protegidos y el delito se considera allanamiento de morada. Lo cual permite a las autoridades actuar en el momento. Pero si tienes una segunda residencia deberías preocuparte. La inseguridad jurídica que rodea a los propietarios de una vivienda no es una novedad. En anteriores entradas veíamos como los datos de okupación no reflejan la realidad de los propietarios. Y al mismo tiempo emborronan la imagen del inquilino, perjudicando el acceso al alquiler de una vivienda.

La última noticia llegó a penas unos días, una sanitaria y un propietario actualmente sin empleo han sido víctimas de okupación. Los asaltantes son un grupo de okupas que acceden a las viviendas a través de la venta trepando por la fachada de los edificios. El particular modo con el que los okupas acceden a las viviendas ha hecho saltar las alarmas y acrecienta aún más la inseguridad. Ni las alturas son ya una defensa frente a la okupación.

Una okupación de altura

Enrique y Pilar son las nuevas víctimas de otro caso de okupación que se suma ya a la oleada que viene creciendo desde 2015. Ambos vivían en Alicante. Con esfuerzo habían comprado un piso que tuvieron que dejar porque a Pilar la habían contratado en un hospital de Galicia como auxiliar de enfermería. El traslado les obligó a poner su vivienda a la venta. Colgaron un cartel en su vivienda: “Se vende”. Entonces, comenzó todo.

La historia de Enrique y Pilar ha llegado a alcanzar las esferas públicas de la mano de Ciudadanos. Y, aunque el matrimonio quiere que el dolor que han vivido se conozca, prefieren guardar el anonimato porque temen represalias. Su miedo se debe a que han descubierto que “están abandonados y que la ley no los protege”.

Después de lanzar su vivienda al mercado, en menos de un mes, recibieron la llamada de sus vecinos. “Hay gente en el balcón de tu casa, Enrique” le anunciaron. Los okupas habían escalado por la fachada del edificio hasta la segunda planta. Entraron en la vivienda del vecino del matrimonio, desvalijaron el piso y robaron los muebles, trasladándolo al piso de Enrique y Pilar.

La particularidad del caso ha hecho que los medios apoden a estos sujetos como los “Spiderman Okupas”. Actuaron a plena luz del día y cambiaron la cerradura de la vivienda en el momento. En concreto, se trata de un grupo de asaltantes de nacionalidad marroquí, organizados, que asaltaron ambas vivienda y una vez instalados dieron acceso al resto de su familia. Niños incluidos.

La inseguridad del propietario frente a la okupación

Todo estaba preparado hasta el más mínimo detalle. La policía contactó a Enrique y le informó de que la vivienda pertenecía ya a los okupas. “Es el momento de buscar un abogado para demandarlos por lo civil”. Enrique y Pilar contrataron a un abogado, con un desembolso inicial de 1.400 euros, estando Enrique actualmente en paro.

Tanto la policía como los abogados informaron al matrimonio sobre los métodos habituales empleados en estos casos de okupación. Los okupas, conocedores de que, si el propietario llama a la policía en menos de 48 horas, pueden ser desalojados, se preparan para demostrar que “han hecho morada” y evitar la entrada de las autoridades.

Los okupas entran a la vivienda preparados con todo el material. En seguida colocan fotografías familiares en las estanterías. Cuelgan su ropa en perchas en los armarios e incluso llevan los pijamas puestos debajo del abrigo. Además, si son hábiles, entran en la vivienda con ollas llenas de comida caliente. Están organizados, okupan la vivienda y lo preparan para aparentar que han estado viviendo allí por una temporada. Entran con los niños y cambian la cerradura en pocos minutos.

Una okupación premeditada y organizada

El método utilizado por los okupas en Alicante llama la atención por su premeditación. La zona en la Enrique y Pilar tiene su vivienda es habitual del alquiler vacacional. Se tratan de segundas viviendas dedicadas especialmente al alquiler turístico que han sido okupadas por asaltantes, esencialmente, de origen marroquí. Estos okupas aprovechan la inseguridad jurídica que envuelve el delito de okupación y sobreviven gracias a las ayudas de los servicios sociales.

Estos individuos destrozan los buzones de las residencias. Al cabo de un tiempo vuelven y comprueban los buzones que han sido arreglados. Si alguno continúa destrozado significa que la vivienda está vacía o el propietario vive fuera de la ciudad. Señalan la vivienda como objetivo y la asaltan en grupo, organizados, sin esconder sus intenciones.

Los okupas vigilan la vivienda de cerca, incluso llegan a informar a los vecinos de cuál es su objetivo. Vigilan por turnos si los propietarios abandonan la vivienda con maletas y esperan el momento oportuno. Sin ocultarse, llegando a vigilar delante del mismo propietario.

¿Qué siente el propietario cuando okupan su vivienda?

Cuando Enrique y Pilar empezaban a asimilar la situación la abogada les informó de las posibilidades. Teniendo en cuenta que los okupas asaltaron la vivienda trepando existía la posibilidad. Si alguno de ellos se había lesionado en el proceso podrían denunciarles al declarar que la lesión se había producido dentro e la vivienda. El matrimonio tendría que indemnizar a los okupas al convertirse en inquilinos de pleno derecho. Los amplios trámites y tiempos que acarrean estas situaciones obligan a los propietarios a cumplir con las garantías constitucionales mientras dure la okupación.

Enrique, impotente, pensó en ir a desalojar a los okupas él mismo. La abogada le advirtió que la policía podría acabar deteniéndole. “Quería ir aunque fuese a pitar bajo el balcón durante toda la noche”. Pero su abogada comunicó que los okupas podían denunciarle entonces por acoso.

El matrimonio comprobó de primera mano la frustración de los delitos de okupación. Llegaron a arrepentirse de haber llamado a la policía. Su abogada les informó de que si no se ponían en contacto con las autoridades lo harían los okupas. Si estos firman un atestado de la okupación declaran que viven en la vivienda okupada. Así, consiguen empadronarse y dejar al propietario de la vivienda sin ninguna oportunidad. Si el propietario no denuncia, los okupas llaman a la semana a la policía e informan de que han okupado la vivienda. De esta manera, quedan protegidos y si tratas de acceder al inmueble te graban con el móvil y la policía no tarda en aparecer para detenerte.

Los 16 meses que Enrique y Pilar jamás olvidarán

El calvario del matrimonio alicantino duró 16 meses. En ese tiempo, los vecinos les informaban de que los okupas estaban realquilando su vivienda. “No deja de subir y bajar gente todos los días”. La pareja alicantina que vive de alquiler en Galicia recuperó su vivienda después de más de un año y tres notificaciones judiciales de desalojo.

Los asaltantes abandonaron la vivienda y Enrique y Pilar cambiaron la cerradura por 121 euros e instalaron una alarma el mismo día. La abogada les había advertido que no basta solo con echar a los okupas. Diez minutos después de haber sido desalojados, los okupas pueden entrar y volver a empezar todo el procedimiento.

Los propietarios recuperaron la vivienda totalmente destrozada. Pilar es sanitaria en un hospital de Galicia y Enrique está en paro actualmente. No pueden permitirse la reforma por lo que se han visto obligados a vender la vivienda por un precio “regalado”.

El miedo y la frustración ha hecho que el matrimonio no puedan fiarse de nadie. En España no hay defensa de la propiedad privada. A las inmobiliarias se están sumando personas que venden las llaves de las viviendas a los okupas. “No tenemos el piso ni en la web ni en un portal inmobiliario”, declaró Enrique al periódico Libre Mercado que aún habiendo recuperado su vivienda, se enfrenta ahora a las consecuencias de la okupación que no conocemos.

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